Con dos formaciones menos, hubo demoras y más quejas

FERROCARRILES DEL SUD  -- NACIONALES


En los andenes de Once los carteles son nuevos pero parecen viejos. O al menos destinados a otro lugar, a otra realidad. Sobre fondo blanco, con letras negras, dice: “Con tu boleto estamos recuperando las formaciones. Es tuyo, cuidalo. Tu boleto se ve en obras”. Pero los boletos no se venden: las máquinas que los expenden con la Sube tienen otro cartel que avisa que se puede pasar igual sin pagar. Los molinetes no sirven. Y los guardas tampoco reclaman nada: se viaja gratis y sin boleto, que es el comprobante para el seguro por si hay accidentes. En la cabecera del Sarmiento, ayer los pasajeros no solo viajaban gratis; también lo hacían más apretados que de costumbre. Con dos formaciones menos (las involucradas en el choque del jueves pasado en Castelar fueron sacadas del ramal que une Once con Moreno) hubo más demoras y más quejas. Entre el miedo, la inseguridad y las promesas incumplidas, ayer quedaba una sola certeza: los pasajeros suben a los trenes sin saber a qué hora o cómo van a llegar.  En el primer día hábil tras la tragedia que dejó 3 muertos y más de 300 heridos y que todavía no tiene las causas claras, Clarín recorrió los andenes y habló con los usuarios mientras los guardas trataban de organizar las partidas. “El servicio es muy malo, hay mucha gente y poca frecuencia. Y ahora, además, con el accidente en Castelar está más demorado porque hay menos formaciones. Yo lo tomo de San Antonio de Padua a Once todos los días y tengo una hora de viaje, cuando antes tardaba 45 minutos”, se quejó Jorge Pérez.  En algunos horarios, la frecuencia estirada llega a ser de media hora entre un tren y el otro.  Las nuevas pantallas tampoco funcionaban bien: a veces no coincidía el andén que anunciaban con el andén con el del tren que partía y la gente tenía que moverse de uno a otro sobre la hora. Además, los guardas advertían que había demoras en todos los servicios “de quince a veinte minutos”. Y por la tarde hubo que esperar hasta 23 minutos entre un servicio y otro.  “Quiero viajar tranquila, no como un animal. Estoy hace una hora esperando. Recién dejé pasar tres trenes porque con la cantidad de gente que sube no podés entrar. No sirve una frecuencia de 17 minutos. Mi hija perdió un trabajo por esto. No avisan cuando viene ni a que andén para poder subir”, lamentó, enojada, Graciela González. También se mostró preocupada porque no piden boletos para viajar. “Después de la tragedia de Once empeoró. Yo prefiero que me cobren el boleto y me aseguren un buen viaje, cómodo, y un buen regreso”, explicó.  Jaime Maidana, de Padua, también remarcó eso: “Después del choque del tren en el andén 2 no cobraban los pasajes porque la gente estaba muy enojada. Después de un mes intentaron hacerlo, pero no lo lograron. Yo una vez discutí con un guarda que me pidió el boleto. Le dije que yo lo pagaba si él me devolvía el dinero de todos los viajes que no llegaron a destino, porque también es común que el tren se quede en alguna estación. Se lo pagué, pero ellos solo te dan un comprobante firmado que admite que el servicio es con demoras, no hacen más que eso desde hace un año y cuatro meses”.  La desidia y la falta de inversiones que evidenció la tragedia del andén 2 el 22 de febrero del año pasado, y la falta de obras e inversión que hicieron que ese desastre se repitiera la semana pasada en Castelar, profundizaron aún más el drama de los viajes en tren. Se viaja mal y despacio. “Tardás más, quedás varado entre estaciones. Las colas para tomar los colectivos alternativos son larguísimas”, sumó Carla Martínez.  Para organizar el servicio, la UGOMS (la Unidad de Gestión Operativa que está a cargo del Sarmiento) está probando un servicio rápido entre Once y Haedo con una locomotora celeste y dos vagones medianos. Sale desde un andén fuera de la estación. “Va de a poco. Se probó anteayer y hoy”, dijeron los empleados. 
Clarín
18-06-2013

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