Bombardeo a Río Colorado

FERROCARRILES DEL SUD-- INFORME

 

Río Colorado, Río Negro.-
Si hablamos de la Revolución Libertadora, que en 1955 derrocó al presidente Juan Domingo Perón, enseguida recordamos los hechos del 16 de junio de 1955, cuando aviones de la Marina del ejército argentino bombardearon la Plaza de Mayo dejando un saldo de 308 muertos y más de 700 heridos.
Sin embargo, el golpe se hizo efectivo recién el 16 de septiembre. Desde esta fecha y por cinco días, se produjeron combates en varias ciudades del país, entre las tropas sublevadas y las leales a Perón. Desde junio hasta el golpe, los conflictos políticos se cobraron alrededor de 2000 víctimas fatales.

Para relatar los hechos de aquellos tres días el trío de documentalistas no sólo apelará a las entrevistas y a los archivos sino también a la reconstrucción de la realidad, con actores.

Si bien estos combates no se centraron solo en Buenos Aires, los habitantes de Río Colorado, un pequeño pueblo del norte de Río Negro, jamás imaginarían ser víctimas de un bombardeo militar. El objetivo: Un tren de soldados leales a Perón.

El 17 de septiembre, la tranquilidad de esta localidad se vio interrumpida con la aparición de un avión militar que luego de sobrevolar el pueblo, arrojó una bomba sobre el puente ferroviario, pero sin dar en el blanco. Esa noche, y a modo de prevención el pueblo "durmió" a oscuras.

Durante la mañana del domingo 18 los vuelos rasantes de los aviones acrecentaron la incertidumbre y la sorpresa de los habitantes del pueblo. Más bombas fueron arrojadas sobre el puente, otra vez sin éxito.

No el miedo pero sí las dudas comenzaron a despejarse cuando un tren con soldados llegó a la estación. Estos hombres, que rápidamente se dispersaron y tomaron la escuela como cuartel, pertenecían a tropas leales al derrocado gobierno, y se dirigían a Punta Alta a combatir a los sublevados.

Durante ese día los bombardeos se extendieron a otros puntos del pueblo. Dos bombas cayeron cerca de la estación, otra sobre el galpón de máquinas y otras dos en vagones tanque llenos de petróleo. Aclaraban que el objetivo de las bombas era ese tren.

Mientras los aviones continuaban el bombardeo, los vecinos aterrados, comenzaron un espontáneo éxodo hacia las colonias chacareras vecinas.

Durante el día siguiente continuaron los bombardeos. Después del mediodía, las bombas cesaron y la radio anunció la tregua. Sin embargo, los vecinos recién se animaron a retornar a sus hogares cuando las banderas blancas desde el tren indicaban la rendición y el retorno de las tropas leales al depuesto presidente.

Tres soldados perdieron la vida, ningún civil fue víctima de los bombardeos. Sin embargo, el miedo y la sorpresa marcaron una huella imposible de olvidar hasta el día de hoy.

Enrique, un inmejorable testigo que escribió todo los sucedido para contárselo a sus hermanos que no estaban en el pueblo. El cerrajero Martínez, quien vio como moría un soldado alcanzado por las bombas. Gloria, quien en ese momento vivió el éxodo como una niña asustada. Raquel, la hija del encargado de la estación, un ferviente peronista. Chávez un aviador que le tocó bombardear el pueblo en el que había vivido. Y Diego Zurueta un investigador de la localidad, nos brindan sus testimonios para revivir la odisea.

Ellos, fotos, diarios, material fílmico y una serie de escenas ficcionadas construyen este documental, que rescata la memoria colectiva de un tranquilo pueblo, que en un país que como se dice, "Dios atiende en Buenos Aires", jamás imaginó ser protagonista de una situación semejante.

Nadie en Río Colorado volvió a ser el mismo.

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10-01-2011

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