El C-37, el único ramal ferroviario militar que existió en la capital tucumana

FERROCARRILES DEL SUD -- ACTUALIDAD



tmb1_581477_20140303210142[1] Alguna vez escuche a un catedrático de nuestro pretérito, lejano y reciente, afirmar que “la historia es la única rama del conocimiento que nos puede decir qué fuimos en el pasado, qué somos en el presente y qué seremos en el futuro. Por eso el olvido de la historia nos condena a volver a cometer, mil veces, los mismos desatinos”.
Hubo un tiempo en Tucumán que los ramales, accesos y desvíos ferroviarios se multiplicaban por todo el territorio provincial. Por entonces el transporte del camino de hierro era sinónimo de progreso, comunicación y conexión. Uno de esos ramales fue el C-37, a los cuarteles militares de San Miguel de Tucumán, perteneciente a la Quinta Región militar. Por cierto, era de trocha métrica y empalmaba con las vías de la línea principal del ferrocarril Central Norte Argentino. Asimismo el, 9 de Julio de 1912, ese desvío fue recorrido del viaje inaugural del tren presidencial, que se fabricó en los originales talleres de Tafí Viejo.
En realidad el ramal, que se creó en 1907 y permaneció hasta 1977, fue autorizado para permitir el transporte de forrajes para la caballería militar y de provisiones. También se utilizaba para el traslado de tropa y de artillería.
Al noroeste
El consultor en transporte ferroviario e investigador en ferrocarriles, doctor Víctor Hugo Rossi, especificó que “el predio que cruzaba el C-37 comprendía 24 hectáreas ubicadas al noroeste de San Miguel de Tucumán. Arrancaba en el kilómetro 801 (+100 m y +551,20 m) a la altura de Colombia al 1.500. Se bifurcaba a metros del apeadero empalme Centenario, de la populosa Villa Urquiza. Precisamente en ese lugar convergían los raíles del Ferrocarril Central Córdoba que se dirigían a las estaciones Central Córdoba (Marco Avellaneda y San Martín), Tucumán N (en El Bajo) y Sunchales del Central Argentino (ex Bartolomé Mitre, en Corrientes al 1.000). En ésta última se mezclaba con los tendidos de vías de trocha ancha”.
Más de tres kilómetros
El camino de hierro alcanzaba más de tres kilómetros de longitud. Se proyectaba en sentido noroeste y al ingresar a los cuarteles se extendía unos 300 m. por el interior del área militar, hasta alcanzar la punta de rieles. “También la traza del ramal atravesaba una zona de plantaciones de citrus. Las fincas eran propiedades de Emilio Terán FríasJuan Manuel Terán y Amadeo Tonello, que el gobierno nacional las expropió en la década del 40 para construir el hospital colonia de salud mental “doctor Juan Manuel Obarrio”, en San Miguel al 700”, describió Rossi, padre de tres varones Hugo (35), Pablo (33) yFederico (32)
“No obstante ello -añadió- el ramal continuó operando porque pasaba en forma transversal por los terreno de ese establecimiento hospitalario y del barrio ´El Sifón´ (Juan Pablo I). En Chile al 2.100 cruzaba el barrio ´La Bombilla´ (Juan XXIII). Y, al llegar a la avenida Ejército del Norte al 1.200, antes de acceder a los cuarteles, había un paso a nivel sin barreras”.
Testimonios enriquecedores
Pero cuando se efectuaron los trabajos de ensanche y pavimentación de la Ejército, desde Italia hasta la avenida Francisco de Aguirre, desapareció el terraplén donde se asentaban los rieles. A raíz de ello, según el doctor Rossi -simpatizante de los clubes Central Norte, de esta ciudad, y de Rosario Central, a nivel nacional- en la actualidad, se puede observar que las casa quedaron arriba del actual nivel al igual que las paredes o tapias de cerramiento de los ex cuarteles.
El profesor Aldo Bulacio, de 72 años, que cumplió con el servicio militar en el Quinto de Comunicaciones y hoy reside en Yerba Buena, recordó que “había un señor que, montado en un caballo blanco, cuidaba las fincas de mandarinas y naranjas cercanas al Obarrio. Algunos decían que era un paciente interno de ese hospital, pero otros aducían que se trataba de un rondín. Lo cierto es que el jinete galopaba ida y vuelta, apenas despuntaba el alba, el trazado del ramal. Solía mostrar un látigo, que utilizaba con destreza, cada vez que intuía que alguna persona que transitaba por las vías insinuaba sus intenciones de acercarse a los citrus”.
Silbato preventivo
Por su parte, Carlos Celerino (68), jubilado de la Dirección General de Catastro y vecino de calle Chile al 1.800, en barrio El Bosque, evocó su experiencia como soldado de los cuarteles, en épocas que el C-37 estaba activo. “Cuando ingresaba alguna formación ferroviaria al predio militar, era todo un acontecimiento, por los lugares que atravesaba. Mientras el tren avanzaba había varios soldados, a lo largo del recorrido de 3.300 metros, provistos de silbatos. De esa forma advertían a la gente que el convoy se ponía en movimiento o iba marchando por determinado lugar y de esa manera se podía prevenir algún percance”, describió con precisión y lucidez.
Celerino también se refirió al predio que ocupa el Obarrio “en esas tierras -enfatizó-, por la cual también pasaba el ramal, estaba prevista la construcción de la ciudad hospital, durante el gobierno de Perón. Pero al final no se materializó el proyecto y sólo se concretó la edificación del hospital colonia”.
Doble tarea
Eduardo “Lalo” Coronel, que a los 73 años, aún reside en el barrio Juan XXIII, se autodefine como protagonista y usuario del ramal C-37. “Yo hice el servicio en 1960. Estuve en el Batallón de Comunicaciones. Estaba de guardia en el acceso ferroviario de la avenida Ejército Argentino al 1.200 cuando arribó un tren cargado con mobiliario y maderas destinado a la construcción del casino de oficiales. Primero tuve que usar el silbato para cortar el tránsito -por entonces no era tan fluido como ahora- en la cuadra comprendida entre Chile y Uruguay. Y después me tocó descargar la madera, junto a otros colimbas”, contó.
Asimismo Edgardo “Pila” Cuevas, aún mantiene nítido en su memoria, a los 73 años, sus días de soldado en los cuarteles. “Una noche llegó el tren. Estábamos en invierno, si mal no recuerdo. En tres vagones plataformas cargaron las piezas de artillería, el instrumental de comunicaciones, la cocina y las vituallas. A la tropa la acomodaron en ocho o nueve coches, que eran todos de madera y nos llevaron de maniobras a Jujuy. Regresamos a los 15 días con cansancio y un hambre irracional. No me olvidaré nunca de esa experiencia porque mis compañeros me apodaron Obituario, porque después de que leía los avisos fúnebres de LA GACETA, de ejemplares que no eran del día, les comentaba a ellos que conocido había fallecido”, se explayó en su testimonio.
La remodelación
Cuando en 1977 se iniciaron los trabajos de la remodelación ferrourbanística en Tucumán, Ferrocarriles Argentinos desafectó la utilidad del ramal C-37. Cedió al gobierno provincial las tierras que ocupaban los cuarteles militares -delimitadas por las calles Italia, Viamonte, Colombia, Chile y avenida Ejército del Norte-, para que se construyeran viviendas. Lo curioso es que el predio se había adquirido originariamente para la construcción del parque General Roca, que nunca llegó a concretarse.
Los rieles fueron levantados y algunos se encuentran debajo de las viviendas que en algunas partes se erigieron. Varios sectores de las tierras que cruzaba el desvío hoy son habitados por familias y barrios que pujan por salir de la marginalidad y la pobreza. Aunque las calles que delimitaban el perímetro fueron pavimentadas, iluminadas, parquizadas y hasta modernizadas. Además, los citrus son ahora una quimera.
Es que “el tiempo -como decía el talentoso compositor francés y figura destacada del romanticismo,Louis Héctor Berlioz (1803-1869), autor de la extraordinaria sinfonía Fantástica- es un gran maestro, pero desafortunadamente mata a todos sus alumnos”.
Desde el arcón del altillo
Razones.- El ramal ferroviario C-37 de uso militar fue construido por razones estratégicas, al poco de tiempo de instalarse los Cuarteles. Había que dotarlos de un transporte de uso oficial exclusivo que lo vincule con otros lugares ferroviarios.
Autorización.- Las tierras para el trazado ferrocarrilero fueron cedidas por Ley 911 del 16 de enero de 1907 y la autorización para la construcción se implemento por expediente 01853/S/1907.
Estudios.- Los ingenieros Víctor Spota, Manuel M. García y José J. Sarthy, del Batallón de Ferrocarrileros, efectuaron los estudios técnicos de la topografía, planimetría y perfil longitudinal .
Licitación.- Una vez aprobado el proyecto se autorizó la construcción del desvío a los Cuarteles y el 31 de mayo de 1907 se llamó a licitación pública, conforme a lo publicado en el Boletín Oficial de la Nación de ese mes y año.
Prueba.- A través de consultas realizadas en la Dirección de Catastro y Edificación de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán y en la Dirección General de Catastro, en planchas cartográficas de esos tiempos se observa el trazado de las vías del conocido desvío o ramal, hoy desparecido, pero que en el papel quedó plasmado como un testimonio del pasado.
El Sifón.- El barrio en realidad se denomina Juan Pablo I, pero en la jerga popular es más conocido como El Sifón. El apelativo nació a raíz de una tubería subterránea que que arrancaba desde el depósito de Aguas Corrientes -Ejército del Norte y Diagonal-, atravesaba por debajo de los raíles del ramal y aparecía entre las calles Ecuador y Colombia. Allí el agua caía en una especie de píletón o sifón, que la gente del lugar la utilizaba como natatorio.-
Construcción.- La empresa Hume G. Hnos ganó la licitación para ejecutar la obra de construcción del terraplén y tendido de los rieles, del ramal C-37.
El presidencial.- Entre estación Muñecas y los Cuarteles se realizó el bautismo del maravilloso tren presidencial de trocha angosta. El vicepresidente Victorino de Plaza fue la máxima autoridad de esa experiencia.

La Gaceta.-
Por Alberto Horacio Elsinger
05-03-14

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