Los trenes turísticos de la Argentina perdieron un ramal



A 10 kilómetros de Merlo, la locomotora y los vagones de trocha angosta del Ferrocarril Piedra Baya recorrían desde 1998 un bosque virgen de la Sierra de los Comechingones. El servicio fue interrumpido "por razones de salud", según explicaron sus creadores y propietarios. 

En medio de las decenas de proyectos de recuperación de distintos ramales ferroviarios de la Argentina (algunos ya concretados, otros en pleno desarrollo), la oferta de trenes turísticos del país perdió una de sus piezas más atractivas: el Ferrocarril Piedra Baya, que recorría una zona de abundante vegetación autóctona del faldeo de la Sierra de los Comechingones, cerca de Carpintería (a 10 kilómetros de Merlo, en el noreste de San Luis), dejó de funcionar.
El anuncio fue realizado por la propia Gertrud “Trudy” Jäckel, una inmigrante alemana que creó y administraba este servicio con su esposo Pablo: “El último viaje lo hicimos en Semana Santa y después ya no pudimos salir más. Ahora todo depende de la salud deteriorada de mi marido, que ya tiene 73 años. De todas maneras, no pensamos tercerizarlo porque el paseo se realiza en una propiedad privada (nuestra propia casa), pero tampoco lo vamos a desmantelar. Quizá en algún momento, si Pablo se recupera, podamos volver a contar con el tren”.
Piedra Baya tenía la trocha más angosta del país, de 26 centímetros, similar a otros 46 trenes del mundo. Con capacidad para transportar a 22 pasajeros, había empezado sus recorridos por la vía de 1.100 metros de largo en 1998. El paseo guiado empezaba con un reconocimiento del monte virgen de molles, talas, espinillos, cocos y chañares. La segunda etapa era el lento paso por puentes y un viaducto encorvado, antes de regalar una espectacular panorámica de la sierra y el valle desde la estación Monte Bajo. Al finalizar el itinerario (unas dos horas y media después de la partida), los visitantes eran agasajados con repostería centroeuropea, té, café y bebidas frías. Por el momento, este magnífico programa didáctico y recreativo está condenado a pasar a la historia. 
Clarín
06/10/2015