FERROCARRILES DEL SUD -- INFORME ESPECIAL

Hacia
mediados de la década del ’50 en la Línea Roca circulaban en la sección
local todo tipo de coches de madera, como los del servicio urbano y los
descartados del servicio de larga distancia, en los que se incluyen los
recordados “pinoteas” de la serie A 10 del FCS. Incluso hasta llegaron a
circular ex eléctricos del Sarmiento como material remolcado. Estos
coches, eran apodados como los “far west” gracias a su coloración marrón
más clara que la de los otros coches, y seguramente, por su estado
calamitoso de conservación. Por el lado de la Línea San Martín, el
panorama no era muy diferente, pues los viejos coches del BAP estaban al
límite de su vida útil.
En resumen, el panorama era caótico. Toda la dotación obsoleta acumulaba
décadas de uso y abuso, porque por ejemplo en el Roca, en el caso del
material de larga distancia usado, una vez que retiraban los coches de
los servicios originales para los que fueron concebidos, eran
reemplazados en un primer estadio, con las unidades fabricadas en
Holanda, debido a que este proceso comenzó años antes y luego se los
sentenciaba a terminar sus días transportando gente en los trenes
suburbanos. Con este diagnóstico era evidente que se necesitaba un
cambio, una modernización, mientras se postergaran infinitamente los
plazos para una futura electrificación de los ramales.

Entonces
EFEA, la Empresa de Ferrocarriles del Estado Argentino, encarga a la
fábrica Fiat Materfer el diseño y la construcción de un nuevo modelo de
coche metálico para el servicio urbano. Sin embargo, existió un plan
anterior sustentado en la idea de reconstruir todos los coches de madera
respetando las directivas de ABGS. Aprovechando los chasis originales y
cambiando la carrocería por una metálica, los boguies serían los mismos
aunque se modernizarían los rodamientos de los ejes adaptándole
rulemanes. A fin de cuentas se trabajó sobre una unidad experimental,
numerada 7827, que permaneció por décadas tirada en los Talleres
Escalada. Peculiarmente, su apariencia logró ser demasiado parecida a
los coches de la serie IA-17 que si se fabricaron más tarde.
Fiat Concord a través de su división “Fabrica Material Ferroviario”,
Materfer, encara la fabricación en serie, bajo licencia de la Fiat
Italia del coche en cuestión. El mismo está ideado sobre la base se los
estándares y especificaciones emanadas por EFEA, que tienen correlación
con las normas ABGS, similares a las anteriormente aplicadas por
Weskpoor.
Materfer, contaba con el asesoramiento técnico de su casa matriz, pero
los diseños fueron ideados para las condiciones extremas se uso en los
ferrocarriles nacionales. En las mismas, Fiat hacía hincapié en la
robustez, como la resistencia a temperaturas variables o la elevada
rigidez estructural. Diversas pruebas demostraron la resistencia del
conjunto, soportando importantes grados de flexión y solicitación axial,
capaz de formar trenes de 1000 t. desplazándose a velocidades del orden
de los 130 km/h.

En el año 1963 son fabricadas las primeras veintiuna unidades por la
planta de “Fiat Italia SPA”, sita en la ciudad de Torino. En el mismo
año, en nuestro país son construidas las otras restantes. Estos primeros
cuarenta y dos coches son denominados por el fabricante como unidades
de primera clase para el servicio local, tipo 2056 A. Luego son
remitidos a la Línea Roca que los inscribe bajo la serie IA-17 y los
numera del P.3001 y P. 3042 correspondientes a los nacionales,
totalizando 42 coches. De esta manera se inicia, progresivamente, el
reemplazo de las unidades de madera más comprometidas. Cabe señalar que
en ese entonces, aún existía el concepto de diferenciación de clases en
los trenes locales, por lo tanto, se entiende la clasificación del Roca
como una serie más de esa categoría.

El diseño interior esta basado en tres compartimentos divididos por
medio de dos vestíbulos centrales separados, junto con otros dos
correspondientes a la mitad de tamaño del anterior ubicados en ambos
extremos de la unidad, cuyas particiones están delimitadas por puertas
corredizas.
Esta disposición le confiere una capacidad de 96 pasajeros sentados, donde el salón central era para fumadores.
Evitando ser excesivo con aburridos detalles en la descripción, podemos
decir esta serie incluía el revestimiento en fórmica clara, con dos
bandas de asientos dobles fijos y rebatibles según el sentido de marcha,
tapizados con plástico símil cuero de color verde lavable, junto a un
pasamanos cromado ubicado en la cabecera de mismo. La iluminación es
incandescente, por medio de lámparas de 24 Volts montadas en dos hileras
de plafones a ambos lados del cielorraso, conformado con chapa pintada.

La ventilación estaba asegurada por once extractores del tipo
“monzón”, ubicados en el techo que expulsaban el aire al ingresar por
los orificios cercanos a las luminarias. Con el objetivo de forzar
también el aire en los salones, existían diez ventiladores de dos palas
cada uno, distribuidos a razón de tres en los compartimentos laterales y
cuatro en el central accionados por llaves colocadas en ambos costados.
Por ser planeados para trenes locales no poseen equipos de calefacción.
Para agregar, además había portaequipajes y persianas de aluminio en
las ventanas.
En cuanto a los mecanismos de choque y tracción, la construcción del
equipamiento esta regida por los lineamientos de las NEFA. Los mismos
consisten en el conocido gancho a tornillo de la trocha ancha y media
sumados a los paneles metálicos de rozamiento en los fuelles. Cabe
destacar que debajo del gancho convencional, en muchos coches, existe el
sector correspondiente al acople a mandíbula como en la trocha angosta,
a fin de permutar de un sistema al otro en alguna futura reforma.
Los boguies son idénticos estructuralmente a los empleados en los otros
productos de la misma marca y poseen dos ejes con cojinetes a rodillos,
otro gran cambio comparado a los coches de madera, cuyos ejes poseen
cojinetes a fricción con cajas de engrase. La suspensión consta de un
sistema de doble amortiguación compuesta de dos etapas: la primera
mediante resortes helicoidales y la segunda por ballestas.

En el mismo año, son fabricados otros 32 coches de similares
características. Una de las diferencias más significativas con la tanda
anterior, radica en la ubicación de las ventanas. Resumidamente, la
serie predecesora, -o sea los IA-17-, poseen una ventana simple en ambos
extremos en cada lateral del rodado. Esta particularidad que los hace
inconfundibles, con el resto de la producción venidera, a excepción de
las cabinas Push-Pull, tiene razón de ser en que genera un espacio algo
mayor un asiento y el respaldo delantero.
La nueva tanda, también destinada a la Línea Roca, es clasificada bajo
el grupo de coches de segunda clase, identificándolos como IE-11.
Asimismo continúa el criterio de división de clases en los trenes
locales, y gracias a esto son considerados como “coches de segunda clase
para el servicio local tipo 2056 B”. Son conocidos como los ´32 por su
numeración del S. 3201 al S. 3232. Originalmente, otras de las
diferencias se encontraba en su interior: en esta ocasión los asientos
marrones copiaban la disposición de un coche de clase turista o segunda
de Línea General, es decir, dos bandas de ejemplares dobles y triples de
asientos con capacidad para dos y tres personas respectivamente. De
esta manera se lograba explotar al máximo el espacio interior logrando
contener a 119 pasajeros sentados, asegurando así un mísero pasillo
interno, insuficiente para el movimiento constante de pasajeros que
existe en un tren urbano, donde el ascenso y descenso de viajeros se
tornaba engorroso. Todo esto quedaba agravado por la utilización de
asientos triples, donde la persona sentada del lado de la ventana al
bajar, obligatoriamente molestaba a las otras dos personas sentadas, que
a su vez tenían que hacerse a un lado para permitir el paso,
recordemos, en un pasillo angosto lleno de pasajeros donde no es muy
difícil imaginar la situación problemática con esa verdadera “masa
humana”. Por esta causa con el correr del tiempo estos asientos son
reemplazados por otros dobles, (otra vez de color marrón) quedando al
final con la misma configuración de la serie anterior y la capacidad
reducida a 100 pasajeros.
Algo parecido sucedía con los pesados coches weekspoor de 2º clase
echados a rodar, simplemente porque los mismos se utilizaban en un
servicio para el cual no habían sido diseñados. Los mismos se agregaban
en carácter de urgencia por la falta por la falta de material rodante en
el centro de las formaciones locales, durante los años ´70. Así se
intentaba paliar la falta de coches en este tipo de trenes. En este
estado de cosas del Roca, la cantidad de coches no alcanzaba para
estabilizar la situación por lo que todavía circulaban formaciones de
coches de madera en los trenes arrastrados tanto por locomotoras a vapor
como diesel estuvieran al alcance.
En cuanto a los esquemas de pintura, todos los vehículos eran de color
marrón con techo plateado, siglas de EFEA en amarillo y números con el
mismo color, junto a la identificación de clase 1ª o 2ª en un generoso
tamaño aplicado más arriba. Además incluía los famosos tres filetes
también plateados.
A fines de 1966 se produce la tan famosa crisis de tracción del Roca,
cuyos protagonistas principales son las locomotoras GE U-13-C que
entraban a reparaciones generales. Desde aquí el ferrocarril, hace
participar a las locomotoras de otras marcas que pida o tenga a su
disposición (incluidas vaporeras) con el fin de mantener el servicio
como sea. En este período el Roca logró ganarse la fama de maltratador
de las unidades tractivas y coches, ya sean propios o prestados de otras
líneas. Este dudoso privilegio, fue motivado por un sinnúmero de
servicios suburbanos que se debían prestar en condiciones desfavorables,
comparadas con las otras líneas que no tenía ni tiene parangón, empezó a
tener solución con la tan mentada electrificación y por supuesto, con
la eliminación de servicios. Esta “fórmula mágica” también (cuando se
pudo) se aplicó en otras líneas.

Para 1965, se incorporaron los primeros coches mixtos que poseen un
pequeño furgón en uno de los extremos. Se trata de la primera serie de
los IUF-2. En el FCGR son ordenados como “clase única con furgón” (FU.),
aunque se los consideraba de segunda clase. El FCGSM, los clasifica
manteniendo el código de orden que Fiat les asignó: 7154 F.
También muy similares a la serie IE-11 (los´32), ya de entrada vinieron
con la disposición de asientos como los conocemos ahora y de la misma
forma en que quedaron los ´32. sus compartimentos, que son algo más
chicos que en los otros coches debido al espacio que ocupa el furgón,
albergan a 80 asientos.
En esta oportunidad, parte de la serie es destinada para el San Martín y
el resto como siempre, para el “devorador” Roca. A saber: del FU. 2501
al FU. 2533 para el segundo, FU.2534 al FU.2573 para el primero y
FU.2574 al 2583 nuevamente para el segundo respectivamente,
contabilizando 33, 40 y 10 unidades por subserie.

El furgón, comunicado con el salón de pasajeros por una puerta con
bisagras y con el exterior con puertas corredizas a ambos lados, merece
una descripción aparte. Ahí dentro, en su momento de mayor gloria supo
tener contra el frente un baño del tipo letrina de acero inoxidable,
como en los turista o segunda. Dicho sector a medida que aumentaba el
maltrato y el tiempo (sobre todo en los años ´80) terminó por
clausurarse donde seguramente nos imaginamos las causas de dicha medida.
El furgón, revestido de chapa pintada, tuvo (y tiene) el triste honor
de oficiar como pizarrón de quienes deciden dejar plasmado un mensaje
para la posteridad. Otro elemento que se fue perdiendo con el tiempo,
era el pequeño estante para el correo dispuesto en frente al sanitario.
En el San Martín este proceso sucedió más lentamente, seguramente por el
mayor esmero dispuesto por esta línea en materia de conservación y por
tratarse de un recorrido ostensiblemente menor que facilita la
fiscalización.
Guillermo Mazzarelli
PORTAL DE TRENES
04-04-2012